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Los caminos del Che

Revista N°12 / POR ARIEL COHEN Y SEBASTIÁN PÉREZ CALLEGARI

Desde su Rosario natal hasta un antiguo galpón de la Patagonia, atravesando las provincias de Misiones y Córdoba, y visitando la ciudad de Buenos Aires, un recorrido por los enclaves icónicos de la vida de Ernesto Guevara Lynch en Argentina.

 

Mucho antes de ser “el Che”, Ernesto Guevara Lynch fue un niño que nació en Rosario, provincia de  Santa Fe; pasó su infancia entre Caraguatay, en el corazón de la selva misionera, a kilómetros de las maravillosas Cataratas del Iguazú, y Alta Gracia, en la provincia de Córdoba; cursó estudios de nivel secundario en la capital cordobesa; se formó como médico en la Universidad de Buenos Aires y supo andar, ya mochila al hombro, los bosques y lagos cordilleranos de la provincia de Neuquén. Hoy, su casa natal, los hogares de la infancia, y hasta el viejo galpón donde lo alojaron los trabajadores del Parque Nacional Lanín en su aventurero paso por la Patagonia, convertidos todos en museo, se enlazan conformando una ruta temática que invita a descubrir al hombre detrás del mito, siguiendo las huellas de la infancia y juventud de quien se transformaría en una figura imprescindible de la gesta  revolucionaria latinoamericana del siglo XX.

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El circuito histórico-cultural que habla de la vida del Che en Argentina puede andarse, y desandarse, desde el centro del país hacia el Litoral y llega hasta la Patagonia. Comienza en Rosario, donde el hijo de Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna nació el 14 de junio de 1928. En esta ciudad santafesina la familia vivió en el edificio La Rosario, valiosa obra del reconocido arquitecto Alejandro Bustillo, emplazada en las calles Entre Ríos y Urquiza, en una zona por entonces habitada por familias de clase media y media alta. Huellas de la primera infancia del Che se encuentran en la provincia de Misiones, en la localidad de Caraguatay, a poco más de 200 kilómetros de la capital provincial, Posadas, y a 136 kilómetros del Parque Nacional Iguazú. Aquí, el solar que alojara la casa de los Guevara Lynch fue convertido en un parque temático y museo donde es posible entrar en contacto con el comienzo de una vida que estaría plagada de mística.

 

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De la niñez y adolescencia del Che hablan los caminos serranos de la provincia de órdoba. En 1932, la familia Guevara Lynch se trasladó de Misiones hacia Alta Gracia para atender, y sanar, la ya declarada asma del niño que se convertiría en un hombre fundamental de la política del siglo XX. La “Ciudad
del Che”, como se conoce a Alta Gracia, por ser el
lugar en el mundo donde más tiempo vivió el Comandante, cuenta con un museo donde se exponen objetos, elementos de la vida cotidiana y fotografías que dan cuenta de un niño que, junto a su madre, una mujer que también supo desafiar las reglas de su tiempo, vivía días de aventuras: carreras de burros por el cañaveral que rodeaba la casa, paseos en un viejo auto familiar, veranos en la piscina del lujoso Sierras Hotel, travesuras en la escuela y anécdotas, relatadas por su grupo de amigos, que ya lo definían como un auténtico líder. En la capital cordobesa, quedaron las huellas de su paso por el colegio Deán Funes, donde cursó estudios secundarios y conoció al amigo con quien emprendería su viaje iniciático por Argentina y Latinoamérica: Alberto Granado. A Buenos Aires, la capital del país, Ernesto Guevara llegaría hacia 1947 para cuidar a su abuela paterna, Ana Lynch, y formarse como médico en la UBA. Y aunque en suelo porteño vivió entre los barrios de Recoleta y Palermo, la ciudad lo recuerda con un museo dispuesto en el barrio de Caballito. Aquí, entre los materiales (fotografías, cartas privadas, objetos personales, libros y escritos fundacionales) que hablan de la vida del Che en Argentina, y de su participación en la  Revolución Cubana, se hallan recuerdos del viaje que en enero de 1950 realizó, a bordo de una bicicleta Garelli preparada con un pequeño motor “Micrón” y junto a su amigo Granado, por toda Argentina. Viaje que, al año siguiente, animaría a los jóvenes a salir por las rutas de América Latina a bordo de una moto Norton de 500 cc, posteriormente famosa como “La Poderosa II”. Viaje que se transformaría en el  primero de los dos (el último fue en 1952, junto a un amigo de la infancia, Carlos “Calica” Ferrer) que Ernesto Guevara realizaría por la región camino a transformarse yaen “el Che”.

En tanto, sobre su recorrido por la Patagonia, se conservan testimonios en La Pastera, un museo de última generación (con paneles  dinámicos, fotografías inéditas, recursos multimedia, biblioteca y librería) levantado en un antiguo galpón para pasto donde, en su paso por los bosques y lagos cordilleranos junto a Granado, supieron darle alojamiento los trabajadores del Parque Nacional Lanín. Un lugar del sur del país, y del continente, donde alguna vez el Che, tal sus propias palabras, soñó su descanso: “Quizá algún día, cansado de rodar por el mundo, visitaré nuevamente y habitaré la zona
de los lagos cordilleranos”.