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Hombre de mundo: Leo Sbaraglia

Revista N°12 / Por Lilia Miranda

Tuvo un año intenso de trabajo pero nunca descuidó a sus miles de seguidores de Instagram. Comparte imágenes de cada lugar que visita: “Soy un poco nómade”, dice.

Su sensibilidad de artista la vuelca también en las redes sociales. Así se lo hacen saber cientos de los casi 5000 seguidores que tiene Leonardo Sbaraglia en Instagram. Se trata de exquisitas imágenes de los diferentes lugares que el actor visita. Desde un punto céntrico de Buenos Aires, Córdoba y 9 de julio, el mar desde el hotel Provincial de Mar del Plata o el avistaje de ballenas en Puerto Madryn, pasando por el Dique Los Sauces en La Rioja, hasta una panorámica del Pan de Azúcar de Brasil. También hay retratos de su querida España, como Tenerife y varias instantáneas de Madrid y su gente. La mayoría elogia su cualidad como fotógrafo y le agradece la posibilidad de viajar a través de cada imagen que comparte. Leo se toma el trabajo de contestar a cada uno de sus seguidores. ¿Marketing personal? Nada de eso. Sbaraglia tiene fama de hombre educado, nada creído y muy trabajador. Y así lo refleja en las redes. Aunque a pocos días de terminar el año, reconoce el cansancio: “Este año en particular fue terrible en cuanto a laburo. Si bien fueron todos muy buenos proyectos, estoy muy cansado. Trabajé de noviembre a noviembre sin parar”.

Lo contrario de lo que uno podría suponer de un hombre que vive a un ritmo intenso e infatigable como el de Sbaraglia, filmando una película tras otra, viajando entre México, España y Argentina, el actor transmite una sensación de placidez, sin histerias ni ansiedades. “Estoy en un lindo momento de madurez, en varios aspectos de la vida. Pero claro, más allá de eso, uno vive y siente cosas que, desde afuera, los demás ni se imaginan”, confiesa.

Aunque Leo sigue instaladísimo en Buenos Aires, viaja seguido a España, el país que más lo convoca para propuestas cinematográficas: “Es mi segundo hogar. Ahora, la crisis complica un poco las cosas laboralmente pero la relación sigue intacta”, aclara.

Después de un año de filmaciones, se acaba de bajar del escenario del ND Ateneo en donde presentó El territorio del poder, una singular propuesta músico-teatral con textos originales inspirados en algunos de los pensadores más relevantes de la actualidad. “Encontramos autores que nos gustaban, pensamientos que nos interesaba transmitir, y le agregamos música”, explica el actor, quien también acaba de concluir en España la filmación de Al final del túnel. “Casi todo el tiempo, soy yo parado con un atril en el medio del escenario, encarnando, relatando, transmitiéndole al espectador experiencias en primera persona. Todo el contenido que está en juego es bastante filoso, porque son textos sobre momentos de la historia bastante duros, como la Inquisición, un tipo metido en un campo de concentración nazi, u otro en un campo de exterminio de la dictadura argentina relatando anécdotas del Mundial 78”, señalaSbaraglia.

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Pero es el cine el que le da mayor proyección internacional, y es él mismo el que se sorprende al hablar sobre el fenómeno que provocó Relatos Salvajes: “Estuve un tiempo en Uruguay y no podía ni caminar por la calle.De repente, me había convertido en un actor popular gracias al cine, lo cual es una cosa bastante rara que ya casi no ocurre. La sensación fue como la de haber estado trabajando en un programa que hizo cuarenta puntos de rating, sumado al hecho de que es un producto de excelencia. Me parece, incluso, un lujo fantástico poder instalarme como actor en generaciones que quizás no me conocían. Relatosatravesó todas las clases sociales y eso me pone muy contento, porque siempre apuesto a que el cine no sea un fenómeno elitista”.

—¿Cómo fue el final del rodaje de la coproducción de Al final del túnel en España?

Empezamos el rodaje hace nueve semanas en Buenos Aires, y había una escena de la película con muchísimos efectos especiales muy complicados. En España había gente especializada en el tema, por eso viajamos allá. La película se estrena en abril de 2016.

—Tu trabajo te convirtió en un nómade, ¿te sentís así?

Soy un poco nómade, sí. Es una característica que está teniendo cierta preponderancia en mi vida, porque en los últimos quince años me he movido todo el tiempo.

—¿Cómo acompañan tu mujer y tu hija en ese proceso?

Ahí está la gran pregunta, cómo hacer para acompañarnos. En principio, vamos buscando todas las alternativas para estar juntos. Algunas veces se hace más difícil que otras. Por eso también a veces hay que poner el freno, llega un momento que ya está. Este año me fui un mes. El año pasado ya viajé mucho. No podés tirar de la soga y menos con una nena.

—¿Quién demanda más, la nena o la mujer?

La mujer es un adulto y tiene muchas más posibilidades de procesarlo. Mi hija no lo puede procesar, es muy chiquita. De pronto pasa una semana y ella siente que es un mes. Pasan dos días y siente que son diez. Entonces hay que tener cuidado. No es que no tengo trabajo acá, tengo otras alternativas que son muy lindas y que me mantienen en Argentina.

—Viviste ocho años en España, ¿por qué volviste al país?

Volví por muchas razones y una es esa de la que te estoy hablando, sentí algo posible acá, un espacio para construir, que en definitiva es lo que estos años estuve haciendo; por eso es tan importante seguir informándose, hacer circular esa información, para poder ayudar a otros a que sepan más del mundo en que vivimos y no solo del país. En todo caso, el país en el mundo y no colaborar con la sensación de encierro.